"Si no has hecho cosas dignas de ser escritas, escribe al menos cosas dignas de ser leídas".
Giacomo Casanova

* *

20 de junio de 2010

Podría llamar a Kerouac



Podría llamar ahora

a Kerouac

porque entre los dos hay un río

de tristísimo otoño

pero

prefiero contemplar las criaturas preciosas

-ya sabéis: perlas, oro,

cuando no cristal luciente y mármol-

de Bembo*

y miro atentamente

lo más estéril

-gema, libro, lámpara-

que denote las propias

bases los pies de barro

de mi palabra

y augure hermosamante

cosa a cosa

la cosa formal

e inerte

en la que me voy erigiendo cuidadosa y artificiosamente

podría llamar ahora

a Kerouac

o a la juventud perdida

porque entre los dos transcurre el río

de la muerte.

Con pólvora y Magnolias. Xosé Luis Méndez Ferrín

*Pietro Bembo, humanista, erudito y traductor italiano.

8 comentarios:

Ana Bande dijo...

esto está quedando...nin que dicir ten, ni que la do!

Lula Fortune dijo...

Gracias, Ana, aquí el Sir es el que cuida la casita, yo soy la mente pensante de esta asociación :P
Seguimos aceptando colaboraciones ¿eh?
Biquiños.

Sir John More dijo...

No se preocupe, Señorita Escarlata, que aquí estoy yo para lo que se le ofrezca... Amos, manda webs, que ahora es cuando está aprendiendo italiano la petarda esta... :-p

Sir John More dijo...

Ay, ay, y besitos, Ana, muchos besitos que tú no tienes la culpa de tener amigas así...

Ana Bande dijo...

ok, agora mesmo vou traducir un saborosisimo texto de GSand, muacas!

Fernando dijo...

Nuestras muertes son los ríos, que van a parar a la letra escrita, que es el vivir.
Eso dijo Manrique, ¿no? O algo parecido...

Sir John More dijo...

Yo, Fernando, que soy un gran lector de poesía, y un experto insuperable en esta disciplina, te digo que creo que sí, que por ahí iba Diego Manrique... ¿Diego se llamaba, no? Abrazos, y cuando tengas más dudas poéticas, no dudes en dud... preguntármelas.

Diego (el del Gastor) dijo...

Mi verdad solo estaría en el camino, sin mirar atrás. Hermosos jarrones en los que vivimos plantados, no más que lastres que asumimos para lucir hasta marchitarnos. Bello.